
Que dificil te resulta saber perder en la vida. Eres celosa de tu tiempo, de tus cosas, de tu salud, de tus ideas, como si fueras tu dueña absoluta y pudieras disponer de ellos según tu talento, eres incapaz de ceder, de condescender, de adaptarte al juego del otro, estas casi siempre a la defensiva y defiendes tus derechos (reales o presuntos) con la ilusión de tener siempre razón, te agobias para no cometer errores y te quedas en el intento consiguiendo imponerte como siempre.
Podrías vivir desarmada, pero tu no sabes medirte con impotencia, con la precariedad, con el fracaso, con la perdida. ¿Qué parte de “encuentra lo mejor de si mismo quien decide perder” no entiendes ni aceptas? Te es imposible.
Pero ¡Si! Lo se. También veo tu necesidad de humildad de arraigarte en ella, de considerarte inferior a los otros y sentir lo que es el desprecio, de soportar con paciencia lo que te acongoja físicamente, tus dificultades materiales. Tu necesidad de estar dispuesta a afrontar males todavía mayores y ser capaz de salir al encuentro de quien te pide ayuda. Pero ¿sabes? También tienes la necesidad de amar con el corazón y los labios y hacer el bien no solo a “tus amigos” , si no a los enemigos y también a todos los que te persiguieran y rezar por ellos. Necesitas no guardar si no desechar esta ira, no ofender ni con el pensamiento al otro. Necesitas huir de la concupiscencia y de la mirada mala.
Tener la capacidad para sacar siempre el bien del mal que llegas a recibir. Ni yo que estoy frente al espejo sabria decirte cuándo fue la ultima vez que hiciste algo extraordinario para acompañar a alguien, simplemente porque esa persona te necesitaba… y si no tienes esa caridad en el corazón, entonces tienes la peor de las enfermedades y eso te agobia ¿verdad?
Clamas a Dios que te quite el orgullo cuando sabes perfectamente que no esta en Dios quitártelo, si no en ti reununciar a el y mucho menos podría darte paciencia, la paciencia es el derivado de las tribulaciones ¡Tonta! Eso Dios no te lo puede dar, eso lo tienes que lograr tu. Tampoco te puede dar la felicidad, el te da bendiciones y te ha dado muchísimas ¿verdad? Pero la felicidad te toca a ti y aunque le supliques que no te deje sufrir ¡tonta! ¡si! ¡tonta! Porque sabes que el sufrimiento es parte de la vida, el sufrimiento te aleja de las preocupaciones del mundanas y te acerca mas a el y sabes lo que el quiere de ti pero, ¿acaso haz intentado darle un poco de lo que el quiere?
Tienes miedo entrar en la escuela de los pobres y ver como esperan ¿verdad? Y por ello prefieres quedarte encerrada en los muros de tu propia comodidad, seguridad, indiferencia y egoísmo. No quieres derribar esas murallas de temor que haz ido haciendo mas altas y arriesgarte a vivir no solo con amor si no con generosidad. ¿quieres que todo esto pase pronto verdad? ¡Pasará! Te lo aseguro. Continua con tu vida, sonríe y enfrenta cada dia con alegría y solo hay un camino… aprende de nuevo a vivir cosas que no están muy de moda: sensillez, amistad, solidaridad, atención, confianza y sobre todo ¡HUMILDAD! Porque ni el confort ni la mecánica te ayudaran. No te enredes mas en esas penas, no te sofoques con ese afán, no te engañes con una pequeña derrota, no te quemes los ojos por una realidad insostenible, no te rompas la espalda por ese peso que quieres seguir cargando, ¡toma agua!... tienes la boca seca, el corazón agitado, las piernas cansadas por el cansancio. Haz agotado todas tus palabras para decir tu hambre, tu sed, tu desesperación y tu miedo. Te queda una palabra por gastar ¡humildad! Aunque te paresca una palabra que no te funciona, quiza es que no basta pensar que eres humilde si no que hay que serlo de una manera mas apropiada y tu no haz aprendido todavía la manera precisa.
¡Tranquila! ¿Por qué solloza tu boca cuando tu corazón quiere gritar de dolor? Esta vez no temas… nadie nos esta viendo. Puedes hacerlo ¿sabes? Solo estamos tu y yo, y este espejo que nos separa. Eso es… asi te quería ver, asi necesitaba yo verte, tal como eres, con todos tus defectos y también con tus virtudes, no eres tan mala como aveces crees serlo, eres objeto de tu resentimiento. Yo te quiero tal como eres, eres tu quien desconfia de mi. Eres dura, difícil y aveces se convierte en un peso insoportable, con mucha frecuencia te muestras injusta, llena de contradicciones y sin embargo, eres la única persona con la que puedo hablar, aunque aveces me parescas fea, aspera y desilusionante, odiosa y mala. No siempre tiene uno un rostro agradable ¿verdad? Pero no te preocupes, asi suelen ser muchos y algo peor, solo que ahora quien esta frente a este espejo eres tu y no los demás.